Rescate de los 33, una lección de vida por Laurence Golborne, Ex Ministro de Minería.

Tengo un vínculo muy especial con el Museo de Santa Cruz. Y cómo podría no ser así: resguarda entre sus paredes uno de los episodios más asombrosos y conmovedores de la historia minera mundial, como fue el rescate de los 33 de Atacama.

El 5 de agosto de 2010 marcó la vida de muchos que, por diversas circunstancias, fuimos parte de lo que pudo ser una inmensa tragedia, pero que gracias al trabajo de un equipo excepcional, aquello que pudo enlutarnos dolorosamente se convirtió en una increíble historia de supervivencia y humanidad.

Esta verdadera epopeya que tuvo al desierto de Atacama como escenario, representa, sin duda, el triunfo de la experiencia, de la capacidad técnica y de la voluntad, por sobre la cara menos amable que nos puede mostrar la naturaleza.

Geólogos, ingenieros, sicólogos, médicos, mecánicos, equipos de emergencia, personal de apoyo y soporte, hombres y mujeres, muchos de ellos anónimos, conformaron un grupo humano que trabajó día y noche sin descanso, para no fallar-les a esos 33 hombres que, atrapados bajo 700 metros de piedra, ponían sus vidas en manos de estos desconocidos que arañaban la superficie de la tierra y perforaban la roca, en una búsqueda desesperada.

Hubo noches en que rogamos en silencio para que las máquinas siguieran funcionando, para que el martillo no cediera, para que los cálculos fueran certeros… Hubo lágrimas cuando nuestros es-fuerzos chocaban con nuevos desprendimientos, hubo rabia con esa piedra que no quería ceder. Pero por sobre todo hubo una sola convicción: no cejaríamos, no los dejaríamos allí, no bajaríamos los brazos frente a ese cerro inconmovible.

Esa promesa nos hicimos y transmitimos a sus familias en el “Campamento Esperanza”, y con ese objetivo se trabajó minuto a minuto, cansados, pero sin desfallecer.

¿Cuántas veces nos amanecimos imaginando distintas soluciones? ¿Cuántas veces, sin una queja, se continuaban con las labores en vez de dormir o comer? ¿Cuántas veces se extendieron los turnos de perforación, reforzamiento del interior de la mina o los turnos de alimentación, porque había una causa mucho más fuerte que nos movía a todos? Ése fue el espíritu que animó esos duros días, dolorosos casi siempre, pero sin permitir que la angustia ahogara la esperanza.

Hoy sabemos que los factores del éxito del res-cate fueron el trabajo en equipo, la motivación, la necesidad de arriesgarse al fracaso para alcanzar el éxito y el entender que los problemas complejos no tienen soluciones simples. Cuando se cree que todo está perdido, hay que mantener la unión y las ganas de seguir luchando.

El paso de los años no borrará esos intensos momentos que vivimos junto a las familias de estos esforzados mineros. Tendremos para siempre vívida en nuestra memoria esa explosión de alegría que estalló en medio de esa impresionante faena cuando supimos que no sólo estaban vivos, sino que también estaban sanos. Después de 17 días llenos de incertidumbre, angustia y dolor, ese mensaje extraordinario lo justificó todo: “Estamos bien en el refugio los 33”.

Lo que siguió después, cuando uno a uno fueron emergiendo de las profundidades, hizo que no sólo los chilenos, sino que millones de personas en todo el mundo se sintieran conmovidas por un genuino sentimiento de alegría y hermandad, que nos confirma que no hay retos que sean imposibles cuando se lucha sin desmayar, poniendo toda la fuerza y el corazón.

El rescate de la Mina San José fue una prueba de fe, esfuerzo y perseverancia, que traspasó nuestras fronteras y tocó la vida de millones de personas alrededor del mundo, que vieron como este pequeño y angosto país se exigía contra todo pronóstico para mover la montaña y sacar a los 33.

Esta operación sin precedentes nos dio una lección de vida y esa historia quedará materializada en este pabellón, para nuestros hijos, para nuestros nietos, como un legado y una enseñanza: no hay que renunciar aunque el obstáculo parezca demasiado, porque si nos esforzamos de verdad puede ocurrir lo impensado.”

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